Siete enseñanzas de un día miércoles


"El hombre se descubre a sí mismo, al enfrentarse con el obstáculo"
Antoine de Saint Exupéry

Ya antes les había contado las peripecias de mi último día de miércoles. Al haber olvidado mi computadora portátil en casa de mis suegros, tuve que emprender una travesía de un día entero, tomando trenes y buses, para poder enviar un trabajo encargado cuyo plazo vencía ese mismo día. Al final todo me fue mal. Los trenes llegaron retrazados y en el regreso, cuando planeaba terminar de escribir mi trabajo, se me acabo la batería del portátil y me di cuenta que el tren no tenía toma corrientes. Por la noche estaba más cansado, mas “misio” y con un trabajo que me costará aprobar mi curso universitario con la calificación mínima. Pues bien, convencido de que las piedras del camino te pueden servir para construir carreteras y que todos tenemos la obligación de ser felices, decidí escribir esta entrada buscando cosas positivas entre los escombros de un día infernal. Las reflexiones que aquí se incluyen no son de ninguna manera recetas infalibles frente a los malos tiempos. Estas reflexiones solo cuentan de cómo yo asumí las cosas y las lecciones que le arranque a un día que en primer momento podría considerarse estéril. Ojala que alguno de los consejos te sirva, de lo contrario solo ignóralos. Tan solo déjame compartir contigo, familiar y amigo, estas siete enseñanzas de un día de miércoles.

1. Ante un desastre, imagina el peor escenario. ¿Qué habría pasado si habría perdido mi laptop? Pues, simplemente, nunca hubiera podido recuperar mi trabajo encargado y habría perdido las fotos de mis hijos. Imaginar el peor escenario te ayuda a ver el problema desde otra perspectiva, menos grave de lo que parece. Así mismo, te brindará calma en un momento de desesperación, ayudándote así a tomar decisiones más acertadas. Ojo, la técnica del peor escenario es útil solo si usa en tiempo pasado (¿Qué hubiera sucedido si un cortocircuito hubiera quemado mi laptop?). Usado como una posibilidad en el futuro produce efectos altamente negativos (¿Y que pasará si mi trabajo no resulta lo suficientemente bueno?) ¡Olvida la segunda opción!

2. Asume tus culpas. Seamos francos, en la mayoría de los casos somos culpables de nuestras propias desdichas. Si no habría olvidado mi laptop en la casa de mis suegros no habría tenido que hacer ese largo viaje en tren, habría tenido una agradable reunión con mis amigos y habría presentado un mejor trabajo final. Si la señora de información atendía con calma a los pasajeros que estaban delante mió en la cola es porque quería brindar una mejor atención, no por joderme la vida. Los continuos errores antes, y durante el viaje en tren fueron, principalmente, mi propia responsabilidad. Debí haber prestado más atención a los altavoces de la estación, sabiendo que era un día de caos. Debí haber confirmado que existen tomacorrientes en el tren antes de comprar el pasaje de vuelta. Debí tener copias de los documentos y notas que necesitaba para escribir mi trabajo final. Principalmente, debí chequear si no olvidaba algo antes de salir de la casa de mis suegros.

3. Reconoce la bondad ajena. Es cierto que vivimos en tiempos aciagos, y que los valores se van perdiendo. Sin embargo, esto no debe taparnos los ojos ante la virtud y el esfuerzo ajenos. De hecho, aunque parezca que existan muchos malvados en el mundo, los buenos somos la mayoría. Durante el día miércoles, mi desesperación y estrés no me permitieron ver la virtud en tanta gente que fui encontrando en el camino. La señora de información que, amablemente, se tomó el tiempo para hacer llamadas y ofrecerme un pasaje para más tarde; el controlador de tren quien me indicó el vagón en el que podría hallar asientos vacíos pues yo no tenia asiento reservado; mis suegros quienes, interrumpiendo sus actividades, fueron hasta la estación central de Norrkoping para entregarme la computadora; la rubia pequeña que me explicó que en los trenes viejos no había tomacorrientes; la viejecita que me enseñó que la desesperación no ayuda; la morena de la mochila gigante que me mostró que a veces hay que correr riesgos; mi esposa, quien después de recoger a mi hija en el jardín y comprar comida, fue a recogerme en la estación a pesar de la tenacidad de la lluvia. La lista podría seguir. Mil gracias, compañeros humanos, por tanta bondad.

3. Pon plazos más cortos a tus trabajos. Gracias al día de miércoles aprendí que es mejor poner mis propios plazos de vencimiento, más cortos, a mis trabajos encargados. Lo mismo podría aplicarse a otros contextos de mi vida. Ponerme plazos más cortos me ayudará a enfocar mis esfuerzos y contar con tiempo extra. Luego, puedo usar el tiempo extra para enfrentar imprevistos (como olvidar mi computadora en casa de mis suegros) , y “pulir” mi trabajo.

4. No confiar ciegamente en la tecnología. Si bien es cierto que vivimos en tiempos modernos, no dejemos de lado las cosas buenas que han funcionado en el pasado. Hoy en día tenemos teléfonos móviles con cámara filmadora, cámara de fotos, acceso a Internet y localizador GPS, pero basta con que se le baje la batería para volver a la edad de piedra en un segundo. Siempre es bueno tener apuntes analógicos a la mano. Nada como el clásico cuaderno de apuntes y un lápiz para producir ideas que, además de no necesitar enchufes, son inmunes a toda clase de virus. De igual manera, no olvides de hacer copias de seguridad de tus documentos importantes con cierta regularidad. Después de la desagradable experiencia del miércoles hice copias de seguridad completas de mis documentos más importantes, incluyendo fotos familiares. Existen también servicios gratuitos en Internet como el google docs, que te permiten subir tus documentos a un disco duro virtual al abrir una cuenta en gmail.

5. Planear primero, después improvisar. Soy de las personas que le gusta improvisar y ser creativo, no solo para solucionar problemas sino para proponerme nuevas formas de hacer las cosas. Sin embargo, una de las virtudes que debo cultivar con más empeño es la de planear con anticipación las cosas. Por más curioso que parezca, planeamiento e improvisación no son términos contradictorios. El gran Charles Chaplin solía planificar bien las escenas de sus películas. Luego, con una pauta bien elaborada, procedía a improvisar gestos y tomas frente a cámaras. Intentar improvisar sin previa planificación es simplemente desastroso.

6. Toma decisiones solo cuando estés calmado. La desesperación reduce la visión periférica de nuestro cerebro. Muchas personas funcionamos bastante bien bajo cierto grado de presión, pero podemos sucumbir ante la desesperación. Cuando estamos calmados simplemente ampliamos el número de posibilidades para solucionar un problema. Sopesamos de manera más efectiva los pro y los contra de las diferentes alternativas de solución.

7. Busca lo positivo en las experiencias negativas. Cuando comprendí que la desesperación no iba ayudarme a solucionar nada, decidí sacar mi cuaderno de apuntes y escribir la entrada sobre mi día de miércoles. Al compartir esta experiencia y sus enseñanzas con ustedes, no solo he logrado tomar sus efectos negativos con más tranquilidad, también aprendí algo. Es que cada experiencia negativa debe servirnos como peldaño para nuestro crecimiento personal, y no como látigo para auto-flagelarnos.

Espero que estos consejos y experiencias te sean de alguna utilidad. Tal vez tengas alguna idea o consejo para iluminar el camino con el carbón que dejan la malas experiencias. Anímate y comparte con nosotros las enseñanzas de tu propios días de miércoles, que a todos nos han tocado alguna vez.


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Un día de “miércoles”


Miércoles 29 de octubre del 2008. Hace más de una semana que estaba esperando este día. Las clases acababan y solo me quedaría entregar un impecable trabajo final para el curso de Métodos de Investigación. Había decidido con anticipación que este sería un día de celebración. Decidí invitar a una amiga danesa, compañera del curso de maestría, a un delicioso banquete en mi apartamento de estudiante. De igual manera, invite a dos de mis mejores docentes del programa, con quienes me une también una gran amistad. Les sorprendería preparándoles un cebiche bien peruano. Quería compartir con ellos el gusto de un buen lenguado, con cebolla roja, limón y bastante picantito. Un pisco sour complementaría el banquete marino para mi familia y para nuestros amigos. Sin embargo, infinita tristeza, no siempre nuestra voluntad y el destino se combinan como se combinan el lenguado y el camarón en un cebiche mixto. Mientras garabateo esta entrada son las 6:15 y nada ha salido como lo había planeado. Estoy atrapado en un tren retrazado, sin pisco, sin cebiche y sin amigos. Este ha sido un perfecto día de mierda.

El viernes pasado le estaba dando vueltas a la propuesta de investigación de 10 páginas que tenía que enviar, a más tardar, este miércoles. Tenía más de tres días para terminar la propuesta, que además era el examen final de mi curso de Métodos. Mi esposa me recuerda que le prometí pasar el fin de semana con ella en casa de sus padres, y dos días más en una cabaña en el bosque. ¿Y ahora? En mi desesperación calculé que bien podría terminar el trabajo el día miércoles, en la fecha limite. Primer error.

Salimos el sábado por la mañana, disfrutamos de un agradable fin de semana y dos días extra de descanso. Regresamos el martes por la noche, después de conducir por casi 4 horas desde la casa de mis suegros. Pensé que podría revisar mi correo antes de acostarme y… ¡Sorpresa! Había dejado la computadora portátil, junto con la literatura del curso y los apuntes para escribir mi trabajo final, en casa de mis suegros. Traté de calmarme y no entrar en pánico. Comprendí que ese día y a esa hora no podría hacer nada. Era mejor descansar y actuar al día siguiente, con la cabeza fresca para tomar la decisión correcta.

La mañana del miércoles tenía 4 opciones:
1. Llorar y ponerme a rezar a santa Rita de Casia, patrona de los imposibles, para que me conceda el milagro de hacer aparecer mi trabajo, completo, en el buzón de e-mail del docente del curso. Imposible. Tengo muy poca fe en los santos, con las disculpas a Santa Rita. Además, mi mamá me enseño que los hombres no lloran, excepto cuando ven las películas Hindúes.
2. Correr a la biblioteca de la universidad y reescribir todo de memoria, rebuscando de nuevo la literatura de referencia. Muy difícil.
3. Llamar al docente y pedirle más tiempo. Difícil. El docente había sido claro: trabajo puntual o la oportunidad de rehacerlo con la nota mínima aprobatoria. Además, existía un impedimento personal para pedirle tal favor a mi docente. Luego les cuento.
4. Tomar 4 buses y cuatro trenes diferentes, hasta la casa de mis suegros y viceversa, durante 6 horas. Tenía la posibilidad de sentarme a escribir el trabajo final en el tren de regreso, para cuando llegue a casa ya tendría el trabajo completo. Difícil pero posible.

Elegí la última opción. Me lancé al primer bus hacia la estación de trenes de Uppsala. Antes de salir de casa, llamé a todos mis invitados para informarles de la cancelación de la fiesta. Mientras esperaba el tren traté de leer el libro principal del curso, buscando ganar tiempo. El bullicio del conglomerado en la estación no facilitaba las cosas. Una serie de retrasos y problemas en el sistema de trenes había obligado al gobierno sueco a intervenir y llamar a un comité para analizar la crisis ferroviaria. Los periódicos gratuitos solo hablaban de eso.

En un momento me doy cuenta que mi tren no llega y que el anuncio del mismo ha desaparecido de las pantallas de plasma de la estación. ¡Mierda! Seguro que esta retrasado. Con el miedo a que el tren llegue de un momento a otro y me deje, me pongo a la cola para pedir información. En mi turno, la dama de información me explica que el tren ya vino y se fue. "Debe haber un error" le dije, tratando de guardar calma.
"No, el sistema me dice claramente que estuvo aquí y se fue" reitera la dama que cada vez me cae menos. Insistí. Le dije que si el dichoso tren estuvo aquí era imposible que yo no lo haya visto, pues estuve parado por más de una hora en el anden 3. La dama coge el teléfono, pide información a alguien, y luego me sonríe. "Va a pedirme disculpas por su error", pensé. Me dice que el tren no salio por el anden 3, pero que por los altavoces anunciaron el cambio de anden unos minutos antes de que llegase el tren, por el anden 8. Luego me hizo un gesto para que “despeje” el lugar y así pudiera atender al siguiente pasajero. Le dije que como estudiante no puedo darme el lujo de botar 230 coronas suecas al agua. "Puedo cambiarte el pasaje para más tarde" , me propuso de manera amable.

Una hora y media más tarde me estoy comiendo las uñas en el tren hacia Estocolmo. Saco mi cuaderno de apuntes y trazo un mapa mental de las cosas en las que debo hacer hincapié en mi trabajo final. Llego a las 1:30 p.m. a la estación central de Norrkoping. En el estacionamiento mi suegro me entrega mi Mac y los preciados documentos. Le doy gracias y corro a comprar mi pasaje de regreso. La estación de trenes de Norrkoping es otro caos. Los altavoces solo anuncian trenes retrazados, cambios de anden, también inventan excusas y piden disculpas. La presión que siento en el pecho casi hace saltar los botones de mi camisa. Se me ocurre una idea “inteligente”. Ya que la mayoría de los trenes retrazados son los que van y vienen desde y hacia Estocolmo, decido tomar otra ruta. Aunque llegaría una hora más tarde que por la vía original, podría ir escribiendo y trabajando en el tren. ¿Muy inteligente? ¡No! ¡Craso error!

El tren del atajo también llega retrazado. Va parando en cada pueblito de casas rojas que encuentra. No importa, tengo la portátil conmigo, empiezo a escribir como poseído. Veinte minutos más tarde, la batería se queda sin energía. Saco el enchufe de la mochila, y empiezo a buscar el tomacorriente. Una rubia pequeñita que esta sentada a mi costado me pregunta si estoy buscando un tomacorriente (No, mamita, estoy matando cucarachas). Sí- le contesto. En este tren no hay tomacorrientes, solo en los X2000, los que van a Estocolmo- me comenta mientras hace un mohín de pena fingida. Casi no me queda aliento para darle las gracias en medio de la desazón de saber que estaba perdido. Tres minutos después, mientras trato de ver que puedo hacer, el tren se detiene y se apagan las luces. ¡Mierda! Esto tiene que ser un complot. Una viejecita de unas 8 décadas, sentada en el asiento de enfrente, me ha oído maldecir en inglés, sueco y castellano. Me sonríe, y con la paz que brindan sus profundos ojos turquesa trata de calmarme diciendo que quejarme no me ayudará en nada. "Estamos aquí y no hay nada que hacer", me comenta mientras esboza una sonrisa condescendiente.

El chofer del tren se disculpa y nos informa que la falla no esta en el tren sino en cableado eléctrico externo. Luego se vuelve a detener y nos anuncia que es debido a un encuentro entre trenes y que uno de ellos tiene que retroceder. Nosotros, claro. El resto del viaje sigue siendo lo mismo. No doy para más. Decido guardar la portátil, los documentos y el libro. Saco mi cuaderno de apuntes y empiezo a escribir esta entrada.

Llegamos con una hora de retraso a la estación donde debía cambiar de tren. Tengo dos minutos para hacerlo. Veo, con desesperación, que mi siguiente tren está al otro lado del anden que acaban de bloquear por seguridad. Una morena, con una mochila gigantesca, esta en la misma situación. De pronto salta a las rieles, de tres zancadas las cruza, y no hace caso a la luz roja que parpadea advirtiendo la proximidad de un nuevo tren. Yo no me lo pienso dos veces, sigo el “mal” ejemplo de la morena. El pitido de la última llamada nos pone a correr. Ella hace aspavientos con las manos, pero el conductor no la ve. Logramos coger el tren en el último segundo. Le agradezco su atrevimiento motivador. Ella solo sonríe, entre avergonzada por romper las reglas y orgullosa por su atrevimiento.

Finalmente llegamos a Uppsala. Aquí parece que el cielo dibujado al carbón se hizo trizas y cae sobre la ciudad en miles de millones de pedazos de vidrio helado. Son las 7:00 p.m., estoy agotado, con un hambre de cocodrilo viejo, 600 coronas más pobre, y con la abrumadora verdad de que tengo que terminar la dichosa propuesta de investigación.

Al final envié la propuesta, que no era más que un mamotreto de letras empedrando el fondo blanco de la pantalla. Me disculpe con el docente por la baja calidad del documento y nunca se me cruzó por la cabeza la idea de pedirle más tiempo u otra forma de favor que me beneficiase injustamente. Mis demás compañeros tuvieron el mismo tiempo que yo, y debía asumir las consecuencias de mis actos. Sabía que desaprobaría el curso. Me sentí avergonzado por lo pésimo de mi trabajo final, mi docente había puesto mucha confianza en mí y le fallé. Lo sé por que él es amigo mió, y era uno de los invitados al banquete de cebiche y pisco.

No quiero que esta historia acabe en penurias y lamentaciones. Soy un fiel convencido de que hay que sacarle provecho a las cosas buenas y malas que nos da el destino. Mañana salgo con la segunda parte de este post, en donde les contaré de las cosas que aprendí y la tarea para la casa que me dejó un inusual día, un día de miércoles.

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Feliz día del teatro


El día mundial del teatro, me motiva a enviar un saludo afectuoso a los actores, escritores y gente que gusta, ama y vive el teatro. De los que conozco, me gustaría enviar abrazos para mis amigos Edín Vilchez y José Lazo del "Rabo del culto" en Tarapoto; a Percy Pinedo y la gente Tupac Amaru también en Tarapoto; a Clinder y lo que queda del taller "Hormiga"; a Theo Rojas de Peoresnada y Juanito Rios de urcututo en Iquitos, a Daphne Viena también en Tarapoto; a Alicia Perdomo en Sacanche ( o donde estés, compañera), a Javier Vargas con quién ensayamos pero nunca pudimos poner en escena la obra llamada "En escena". A Laurita Acosta que me ofreció un brebaje de caca en "el espiritu del chiricsanango"; A Nazy Tuanama que fue mi compañera de carpeta en "Cosas y cositas de la educación" y a todos con quien compartí tablas, pisos de cemento y canchas de tierra en los años de mi pasión etílica por el teatro. Cuenta quisiera, de veras, poder celebrar este día con ustedes y reventarme las manos en aplausos ante una buena puesta en escena.


Pocas veces suelo escribir y postear sobre otros blogs. Pero en este día del teatro quisiera recomendarles el post de mis hermanos y amigos de "Escritores y artistas amazónicos" , sobre el las celebraciones por el día internacional del teatro y las opiniones de figuras conocidas en la escala mundial.

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