octubre 31, 2008

Un día de “miércoles”


Miércoles 29 de octubre del 2008. Hace más de una semana que estaba esperando este día. Las clases acababan y solo me quedaría entregar un impecable trabajo final para el curso de Métodos de Investigación. Había decidido con anticipación que este sería un día de celebración. Decidí invitar a una amiga danesa, compañera del curso de maestría, a un delicioso banquete en mi apartamento de estudiante. De igual manera, invite a dos de mis mejores docentes del programa, con quienes me une también una gran amistad. Les sorprendería preparándoles un cebiche bien peruano. Quería compartir con ellos el gusto de un buen lenguado, con cebolla roja, limón y bastante picantito. Un pisco sour complementaría el banquete marino para mi familia y para nuestros amigos. Sin embargo, infinita tristeza, no siempre nuestra voluntad y el destino se combinan como se combinan el lenguado y el camarón en un cebiche mixto. Mientras garabateo esta entrada son las 6:15 y nada ha salido como lo había planeado. Estoy atrapado en un tren retrazado, sin pisco, sin cebiche y sin amigos. Este ha sido un perfecto día de mierda.

El viernes pasado le estaba dando vueltas a la propuesta de investigación de 10 páginas que tenía que enviar, a más tardar, este miércoles. Tenía más de tres días para terminar la propuesta, que además era el examen final de mi curso de Métodos. Mi esposa me recuerda que le prometí pasar el fin de semana con ella en casa de sus padres, y dos días más en una cabaña en el bosque. ¿Y ahora? En mi desesperación calculé que bien podría terminar el trabajo el día miércoles, en la fecha limite. Primer error.

Salimos el sábado por la mañana, disfrutamos de un agradable fin de semana y dos días extra de descanso. Regresamos el martes por la noche, después de conducir por casi 4 horas desde la casa de mis suegros. Pensé que podría revisar mi correo antes de acostarme y… ¡Sorpresa! Había dejado la computadora portátil, junto con la literatura del curso y los apuntes para escribir mi trabajo final, en casa de mis suegros. Traté de calmarme y no entrar en pánico. Comprendí que ese día y a esa hora no podría hacer nada. Era mejor descansar y actuar al día siguiente, con la cabeza fresca para tomar la decisión correcta.

La mañana del miércoles tenía 4 opciones:
1. Llorar y ponerme a rezar a santa Rita de Casia, patrona de los imposibles, para que me conceda el milagro de hacer aparecer mi trabajo, completo, en el buzón de e-mail del docente del curso. Imposible. Tengo muy poca fe en los santos, con las disculpas a Santa Rita. Además, mi mamá me enseño que los hombres no lloran, excepto cuando ven las películas Hindúes.
2. Correr a la biblioteca de la universidad y reescribir todo de memoria, rebuscando de nuevo la literatura de referencia. Muy difícil.
3. Llamar al docente y pedirle más tiempo. Difícil. El docente había sido claro: trabajo puntual o la oportunidad de rehacerlo con la nota mínima aprobatoria. Además, existía un impedimento personal para pedirle tal favor a mi docente. Luego les cuento.
4. Tomar 4 buses y cuatro trenes diferentes, hasta la casa de mis suegros y viceversa, durante 6 horas. Tenía la posibilidad de sentarme a escribir el trabajo final en el tren de regreso, para cuando llegue a casa ya tendría el trabajo completo. Difícil pero posible.

Elegí la última opción. Me lancé al primer bus hacia la estación de trenes de Uppsala. Antes de salir de casa, llamé a todos mis invitados para informarles de la cancelación de la fiesta. Mientras esperaba el tren traté de leer el libro principal del curso, buscando ganar tiempo. El bullicio del conglomerado en la estación no facilitaba las cosas. Una serie de retrasos y problemas en el sistema de trenes había obligado al gobierno sueco a intervenir y llamar a un comité para analizar la crisis ferroviaria. Los periódicos gratuitos solo hablaban de eso.

En un momento me doy cuenta que mi tren no llega y que el anuncio del mismo ha desaparecido de las pantallas de plasma de la estación. ¡Mierda! Seguro que esta retrasado. Con el miedo a que el tren llegue de un momento a otro y me deje, me pongo a la cola para pedir información. En mi turno, la dama de información me explica que el tren ya vino y se fue. "Debe haber un error" le dije, tratando de guardar calma.
"No, el sistema me dice claramente que estuvo aquí y se fue" reitera la dama que cada vez me cae menos. Insistí. Le dije que si el dichoso tren estuvo aquí era imposible que yo no lo haya visto, pues estuve parado por más de una hora en el anden 3. La dama coge el teléfono, pide información a alguien, y luego me sonríe. "Va a pedirme disculpas por su error", pensé. Me dice que el tren no salio por el anden 3, pero que por los altavoces anunciaron el cambio de anden unos minutos antes de que llegase el tren, por el anden 8. Luego me hizo un gesto para que “despeje” el lugar y así pudiera atender al siguiente pasajero. Le dije que como estudiante no puedo darme el lujo de botar 230 coronas suecas al agua. "Puedo cambiarte el pasaje para más tarde" , me propuso de manera amable.

Una hora y media más tarde me estoy comiendo las uñas en el tren hacia Estocolmo. Saco mi cuaderno de apuntes y trazo un mapa mental de las cosas en las que debo hacer hincapié en mi trabajo final. Llego a las 1:30 p.m. a la estación central de Norrkoping. En el estacionamiento mi suegro me entrega mi Mac y los preciados documentos. Le doy gracias y corro a comprar mi pasaje de regreso. La estación de trenes de Norrkoping es otro caos. Los altavoces solo anuncian trenes retrazados, cambios de anden, también inventan excusas y piden disculpas. La presión que siento en el pecho casi hace saltar los botones de mi camisa. Se me ocurre una idea “inteligente”. Ya que la mayoría de los trenes retrazados son los que van y vienen desde y hacia Estocolmo, decido tomar otra ruta. Aunque llegaría una hora más tarde que por la vía original, podría ir escribiendo y trabajando en el tren. ¿Muy inteligente? ¡No! ¡Craso error!

El tren del atajo también llega retrazado. Va parando en cada pueblito de casas rojas que encuentra. No importa, tengo la portátil conmigo, empiezo a escribir como poseído. Veinte minutos más tarde, la batería se queda sin energía. Saco el enchufe de la mochila, y empiezo a buscar el tomacorriente. Una rubia pequeñita que esta sentada a mi costado me pregunta si estoy buscando un tomacorriente (No, mamita, estoy matando cucarachas). Sí- le contesto. En este tren no hay tomacorrientes, solo en los X2000, los que van a Estocolmo- me comenta mientras hace un mohín de pena fingida. Casi no me queda aliento para darle las gracias en medio de la desazón de saber que estaba perdido. Tres minutos después, mientras trato de ver que puedo hacer, el tren se detiene y se apagan las luces. ¡Mierda! Esto tiene que ser un complot. Una viejecita de unas 8 décadas, sentada en el asiento de enfrente, me ha oído maldecir en inglés, sueco y castellano. Me sonríe, y con la paz que brindan sus profundos ojos turquesa trata de calmarme diciendo que quejarme no me ayudará en nada. "Estamos aquí y no hay nada que hacer", me comenta mientras esboza una sonrisa condescendiente.

El chofer del tren se disculpa y nos informa que la falla no esta en el tren sino en cableado eléctrico externo. Luego se vuelve a detener y nos anuncia que es debido a un encuentro entre trenes y que uno de ellos tiene que retroceder. Nosotros, claro. El resto del viaje sigue siendo lo mismo. No doy para más. Decido guardar la portátil, los documentos y el libro. Saco mi cuaderno de apuntes y empiezo a escribir esta entrada.

Llegamos con una hora de retraso a la estación donde debía cambiar de tren. Tengo dos minutos para hacerlo. Veo, con desesperación, que mi siguiente tren está al otro lado del anden que acaban de bloquear por seguridad. Una morena, con una mochila gigantesca, esta en la misma situación. De pronto salta a las rieles, de tres zancadas las cruza, y no hace caso a la luz roja que parpadea advirtiendo la proximidad de un nuevo tren. Yo no me lo pienso dos veces, sigo el “mal” ejemplo de la morena. El pitido de la última llamada nos pone a correr. Ella hace aspavientos con las manos, pero el conductor no la ve. Logramos coger el tren en el último segundo. Le agradezco su atrevimiento motivador. Ella solo sonríe, entre avergonzada por romper las reglas y orgullosa por su atrevimiento.

Finalmente llegamos a Uppsala. Aquí parece que el cielo dibujado al carbón se hizo trizas y cae sobre la ciudad en miles de millones de pedazos de vidrio helado. Son las 7:00 p.m., estoy agotado, con un hambre de cocodrilo viejo, 600 coronas más pobre, y con la abrumadora verdad de que tengo que terminar la dichosa propuesta de investigación.

Al final envié la propuesta, que no era más que un mamotreto de letras empedrando el fondo blanco de la pantalla. Me disculpe con el docente por la baja calidad del documento y nunca se me cruzó por la cabeza la idea de pedirle más tiempo u otra forma de favor que me beneficiase injustamente. Mis demás compañeros tuvieron el mismo tiempo que yo, y debía asumir las consecuencias de mis actos. Sabía que desaprobaría el curso. Me sentí avergonzado por lo pésimo de mi trabajo final, mi docente había puesto mucha confianza en mí y le fallé. Lo sé por que él es amigo mió, y era uno de los invitados al banquete de cebiche y pisco.

No quiero que esta historia acabe en penurias y lamentaciones. Soy un fiel convencido de que hay que sacarle provecho a las cosas buenas y malas que nos da el destino. Mañana salgo con la segunda parte de este post, en donde les contaré de las cosas que aprendí y la tarea para la casa que me dejó un inusual día, un día de miércoles.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Alex...espero q estes muy bien..primito... y diculpame pero me causó risa tu dia d miércoles...aiii ps ni stando x alla no dejas la racha d esas cositas q t pasan.... t acuerdas t tu prac. d francés? lo q t pasó con la radio???? ayy primito .... pero... espero q se solucione td ..besos desd Tarapoto... Carmín...

Alex Arévalo dijo...

Querida Carmin:
Cuando abrí este blog no se me ocurrió que podría servirme para mantener contacto con la familia y los amigos. Enhorabuena, que te des un a vuelta por aca. Gracias por los comentarios y por recordarme que la mala surte siempre me persigue, pero no se como siempre termino escondiendome.
Un beso y un abrazo. No te olvides de volver por la segunda parte.

winshitoperu dijo...

Amigo mio..
en verdad un día no de miercoles..mas bien un día de mi...da!!
y felizmente que solo es un día..
a comparacion de algunos de nuestros amigos que tienen una vida de mi..da!!
un abrazo y saludos para la familia

winshitoperu dijo...

Amigo mio..
en verdad un día no de miercoles..mas bien un día de mi...da!!
y felizmente que solo es un día..
a comparacion de algunos de nuestros amigos que tienen una vida de mi..da!!
un abrazo y saludos para la familia

Alex Arévalo dijo...

=)Ja,ja,ja.
Grandes verdades, pata. Ojalá que nos toquen mejores días, y mejores destinos.
Gracias por los comentarios y disculpa por la demora en la moderación de los comentarios.
Abrazos

MusMuy dijo...

Y LO PERO E SK NO TE CREEN! SALUDOS
FRANZ MAX